Aquí tenéis todo lo necesario para aprender a usar Glogster:
Un libro:
Y un vídeo:
viernes 5 de febrero de 2010
Cómo hacer un póster virtual con Glogster
Publicado por
Elisa Armas
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17:13
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Etiquetas: Glogster
jueves 4 de febrero de 2010
viernes 22 de enero de 2010
Un pequeño susto

Hace unos treinta años, cuando mi madre era pequeña, había un pequeño lago a las afueras de Alcosa, que antiguamente había sido una gravera, por eso tenía algunos agujeros muy profundos. Aunque estaba prohibido el baño porque era peligroso, la gente iba a bañarse sin importarle la prohibición .
Un día mi madre fue a bañarse al lago con su familia. Se puso a jugar con sus hermanos, que eran siete, y con algunos amigos.
Hicieron una especie de trenecito y mi madre era la última. Se echó hacia atrás y de pronto ya no tenía pie, había caído en uno de esos agujeros que la empujaban hacia el fondo y, como era la última, tiraba de los demás. Pero por suerte pudo sacar la mano y pedir ayuda; entonces dos o tres hombres se tiraron al agua y empezaron a sacar niños. A ninguno de los niños ni a mi madre les pasó nada. Pero varias personas se ahogaron allí, en ese mismo año. Terminaron vallando el lago.
Desde entonces mi madre le tiene mucho respeto al agua.
Publicado por
AURORA
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18:40
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Aventura en La Muela

Cuando yo tenía dos años más o menos mis padres con sus compadres, mis tíos y algunos amigos más decidieron ir a una romería que hay en un pueblo llamado La Muela. A mí me dejaron con mis primos en casa de mis abuelos.
Estuvieron un fin de semana. Salieron desde un pueblo cercano todos juntos, montados en una carreta donde fueron cantando, bebiendo y comiendo todo el camino, hasta llegar al campo donde se celebra la romería. Una vez allí, se dedicaron a visitar todas las carretas, porque dicen que algunas eran preciosas y estaban tan arregladas y preparadas que parecían casas con su porche y todo.
Cuando llegó la hora de la comida se juntaron al rededor de la mesa y sacaron todo lo que traían para comer y después descansaron un poco.
Ya por la tarde, a mi padre se le ocurrió montar a caballo y su compadre y su mujer montaron en otro y estuvieron dando una vuelta por el campo donde estaban acampados y aquí viene lo bueno: mí padre llevaba una yegua y su compadre un caballo que estaba en celo. La yegua se metió debajo de un árbol tan bajito que mi padre se tuvo que agachar para no darse con las ramas y entonces el caballo de se compadre, como seguía a la yegua también se metió debajo y era para verlos a los tres agachados y con los pelos enganchados a las ramas, sobre todo los de la comadre. El compadre le decía a mi padre: ¡Pero Paco ¿dónde nos has metido?!, como si mi padre los hubiera llevado queriendo allí y mi padre le contestaba: ¡Y tú ¿por qué me sigues?! Si yo no quería meterme aquí. No había quien los sacara de allí. Mi padre le dijo a un hombre que estaba sentado al lado del árbol: ¡Maestro, ¿cómo se sale de aquí?! El hombre los miraba como si se estuviesen quedando con él, pero era verdad, no sabían salir de debajo del árbol, hasta que tuvo que venir otro de sus amigos para sacarlos.
Cada vez que me lo cuentan se tronchan y yo noto lo bien que se lo pasaban y lo que se reían de jóvenes.
Ángela Ramos 2ºA
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Ángela
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jueves 17 de diciembre de 2009
La ciudad de la nieve
Si los habitantes pueden andar por la ciudad, con los esquiés, no lo sabemos. Pero estamos seguros de que la nieve entraba en las casas. Les conviene quedarse quietos y tendidos, porque si no morirían congelados. Los lugares están repletos de algodones. Hay quien dice que la nieve es negra. De noche, pegando el oído al suelo, escuché caer la gran bola de nieve del tejado
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Fernando.F
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Etiquetas: Ciudades imaginarias, Fernando.F
La Maleta del Cadáver Rico
Hace muchos años, había un señor llamado Ronald que era muy rico y vivía en un castillo enorme. Ronald tenía varios sirvientes y sirvientas entre los que había uno de ellos que nadie sabía de donde provenía. Este se llamaba Stuart y, aunque no lo aparentaba, odiaba a las personas ricas. Era tal el odio que tenía que a veces le entraban ganas de matar a su amo, e incluso ideaba planes para hacerlo. Aunque Ronald desconocía este odio, a veces sospechaba de Stuart.
Una mañana, cuando Ronald se despertó, ordenó a Stuart que le preparara el desayuno y este se lo preparó de mala gana. Las tostadas estaban quemadas y el café frío. Ronald se enfadó con su criado, y le echó un buen discurso a este, que se disculpó y se fue a su cuarto, donde se puso a gritar y a pegar puñetazos contra la pared descargando toda su furia. Mientras Ronald se estaba echando una siesta y no se enteraba de nada, Stuart permaneció toda la tarde encerrado en su cuarto y su odio iba en aumento.
Al día siguiente, cuando Ronald se despertó, volvió a pedirle a Stuart que le preparara el desayuno. Éste, que no había olvidado lo que había pasado el día anterior, preparó el desayuno, pero el café lo mezcló con un veneno mortal. Mientras Stuart lo preparaba, otro de los sirvientes de Ronald lo observaba escondido detrás de la puerta. Stuart le sirvió el desayuno a su amo, y cuando este procedía a tomárselo su otro sirviente le dijo: ¡Alto! Ronald se paró. -No bebáis, mi señor, Stuart ha envenenado el café- dijo el sirviente. Entonces Ronald, que aún no creía lo sucedido, le dió el café a uno de los ratones que tenía y este murió al instante. ¡Fuera de mi propiedad!, gritó Ronald a Stuart, y este recogió sus pertenencias y se marchó. Fue en este momento cuando su odio aumentó hasta tal punto que decidió acabar con todas las personas del castillo.
Esa misma noche Stuart regresó al castillo y consiguió entrar sin que nadie se percatara de ello. Fue a la cocina, cogió un gran cuchillo y fue asesinando a los sirvientes de Ronald uno a uno. Con el que más disfrutó fue con el que se había chivado de lo del café. Cuando hubo acabado con todos se dirigió a la habitación de Ronald. Abrió la puerta y entró en la habitación. Justo en este momento Ronald despertó y al ver a Stuart empezó a gritar y a pedir ayuda, pero nadie lo escuchaba porque todos estaban muertos. Entonces Stuart se abalanzó sobre su amo, le clavó el cuchillo en el pecho y gritó muy orgulloso: ¡Muere maldito, siente mi ira!
Cuando Ronald hubo muerto Stuart lo metió en una gran maleta, miró en el armario de su amo donde encontró un cofre de madera con su correspondiente llave. Cogió la llave y abrió el cofre cuyo contenido era cientos de monedas de oro, algunos diamantes y el árbol genealógico de Ronald. Stuart se puso a mirar el árbol genealógico y se dio cuenta de que procedían de la misma familia. Cogió tanto odio que tiró el cofre con el dinero y el árbol genealógico dentro de la maleta. Por unos instantes pensó quedarse con el dinero, pero recapacitó y dijo que si él odiaba a los ricos no iba a ser uno de ellos. Luego miró hacia atrás y vio una carta. La cogió, la abrió y empezó a leerla. Era una carta de amor, de la amante de Ronald, que decía que ella iría a visitarlo dentro de unos quince días. Entonces metió la carta en la maleta, la cerró y puso una nota en lo alto de la maleta que decía: “Aquí está tu amado”. Entonces Stuart se fue muy orgulloso del trabajo que había hecho.
Al cabo de un mes la joven llegó al castillo y se dio cuenta de que no había nadie, así que subió a la habitación de Ronald donde estaba la maleta con la nota encima. Al abrirla y ver el cofre de madera con su fortuna y su llave, el árbol genealógico, la carta de amor escrita por ella y el cadáver de su amado, metió un grito y salió corriendo y llorando del castillo.
Hasta el día de hoy nadie había vuelto a entrar en el castillo ya que está aislado, pero hoy, yo he descubierto el castillo y desvelado su secreto.
Publicado por
Josué Vergara
en
14:29
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La ciudad de chocolate
Lo que hace a Chocolandia diferente de las otras ciudades es que en vez de aire tiene chocolate. Las onzas de chocolate cubren completamente las calles, las habitaciones están repletas de dulces chocolateados, sobre las escaleras se posan virutas de chocolate. Encima de los tejados una gran tableta de chocolate con leche cubre las casas.
Si los habitantes pueden andar por la ciudad, aun siendo de chocolate, no lo sabemos. Pero estamos seguros de que son felices. Les conviene quedarse quietos y tendidos, pues si salen y hace sol, podrían derretirse. Los lugares están cubiertos de mousse de chocolate. Hay quien dice que la ciudad es un poco peculiar, pero muy dulce. De noche, pegando el oído al suelo, se puede escuchar como las personas más ansiosas de la ciudad, rompen las cañerías a pequeños mordiscos.
Publicado por
Rocío Carrillo Domínguez
en
14:04
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Etiquetas: Ciudades imaginarias, Rocío


