jueves, 19 de marzo de 2009

El sótano del judío


En épocas muy remotas vivía en una lóbrega casa de Córdoba un viejo y avaro judío, cuya única preocupación durante su vida había consistido en reunir toda clase de objetos preciosos y una gran cantidad de monedas de oro. Deseoso de almacenar una cuantiosa fortuna, vivía miserablemente y no desperdiciaba ocasión de hacer usura a costa de los necesitados.

Tenía la casa un sótano oscuro y profundo, en cuyo interior guardaba celosamente de todas las miradas su cuantiosa fortuna, de la cual sólo tenía noticia su única hija, una doncella hermosísima, que con alguna frecuencia solía entrar en el sótano siguiendo órdenes paternas.

Cuenta la leyenda que una noche en que el judío quería llevar al sótano en secreto un pequeño tesoro recién conseguido, mandó a su hija que lo bajara. La obediente doncella encendió una vela y con el tesoro en la mano bajó las oscuras y empinadas escaleras, hasta llegar a lo más profundo del sótano. Se disponía ya a subir cuando sonaron las campanadas de las doce. De repente, y ante la mirada atónita del judío y el terror de la doncella, se apagó la vela y se cerró la entrada de la cueva.

Todo resultó ser un truco, el novio de la chica la estaba esperando y la ayudó a salir de la cueva. De repente se escuchó un forcejeo. La chica salió de la cueva, ella y su novio habían secuestrado al avaro. Querían quedarse con todo el dinero de su padre, la chica empezó a guardar el dinero en macutos y bolsas. Cuando se iban ya, la chica volvió a entrar en la casa para despedirse de su padre pero, al entrar escuchó un disparo. Ella corrió hacia dentro vio a su padre tirado en el suelo. Empezó a llorar, su novio se sentó a su lado para consolarla, ella se levantó y los dos se marcharon.

Montaron en el coche y la chica empezó a llorar de nuevo, su novio detuvo el coche. Los dos se bajaron en el campo cogieron las bolsas y se echaron a andar por un camino largo y al final del camino había un acantilado, la chica soltó las bolsas y corrió cuando llego al acantilado no se lo pensó dos veces y se tiró. El novio, desesperado, se tiró tras ella.