jueves, 26 de marzo de 2009

El vuelo de Ícaro


Minos encargó a Dédalo que construyera un laberinto para encerrar a su hijo que era el Minotauro, una bestia que tenía una cabeza de toro y cuerpo de persona. Teseo mató al Minotauro y escapó del laberinto gracias a la ayuda de Ariadna. Minos, al enterarse, llamó a Dédalo y lo condenó a quedarse en el laberinto para toda su vida, pero para que la condena fuera mayor su hijo se tenía que quedar allí con él.

El hijo de Dédalo se llamaba Ícaro y estaba apunto de cumplir catorce años. Dédalo no podía soportar que su hijo pasara toda su vida allí metido, intentó buscar la manera de salir de allí, pero no se le iba a hacer nada fácil ya que Teseo había puesto guardianes por todo el laberinto. De repente se le ocurrió que podía salir de allí volando. Como el laberinto había sido construido hacia nueve años, la hierba había crecido en algunos pasillos, la lluvia había formado estanques en algunos rincones, las abejas habían construido paneles en las vigas y había animales muertos, Dédalo no tuvo problema en encontrar los materiales necesarios para su invento.

A la mañana siguiente su invento ya estaba listo y se lo mostró a su hijo diciéndole que se iban a marchar de allí volando. Su hijo lo tomó por loco porque los humanos no saben volar, pero cuando le enseñó las alas el se quedó asombrado. Los dos empezaron a ensayar, cuando lo tenían dominado ya partieron. Dédalo le advirtió a su hijo que por el mar no volara muy bajo por que las alas se le podían mojar y el invento no funcionaría, y que tampoco volara muy alto por que el sol la derretiría. Ícaro asombrado de lo bien manejaban sus alas y de lo bien que volaba comenzó a volar muy rápido y alto. Era tan solo un chaval que vivía sin preocupaciones y no le tenía miedo a nada. Cuando Dédalo mira hacia delante y hacia atrás y a un lado y al otro y no vio nada, se asustó y cuando miró hacia el mar se encontró a su hijo bocabajo y con las alas despegadas y esparcidas por todas partes. Dédalo pensó que era un castigo del sol por haber sido tan atrevido y no haber puesto límites. Al final resultó muerto y ahogado.

Extractado de:

Mitos Griegos

Maria Angelidou

Ed. Vicens Vives, Barcelona, 2008

pp. 54-58

3 comentarios:

Elisa Armas dijo...

Almudena, Antonio, se os ha olvidado explicar que Dédalo utilizó la cera de las abejas para unir los materiales con los que construyó sus alas y que la cera fue lo que se derritió cuando Ícaro se aproximó al sol. Si eso no queda claro vuestros compañeros no podrán entender la caída.

Anónimo dijo...

Bien trabajo Antonío es muy bien y Almudena también

Anónimo dijo...

señorita es que no queria que el relato fuera lo bastante largo