miércoles, 22 de abril de 2009

Rizos de Tinte


Había una vez una niña a la que llamaban Rizos De Tinte a causa del tinte amarillo que se echaba todas las mañanas. Vivía en una cabaña muy coqueta en el bosque.

El año pasado al llegar el invierno la chica decidió ir a la ciudad a comprar un calentador. Mientras que estaba en la ciudad, un oso que buscaba un lugar para hibernar vio la cabaña de la niña y entró.

Al entrar vio encima de la mesa un cuenco con un líquido amarillento y, pensando que era miel, se lo comió, pero resultó que era el tinte de la niña y le sentó tan mal que estuvo vomitando durante una hora y media. Al final se mosqueó y destrozó los muebles hasta que por fin se cansó y se echó a dormir.

Cuando Rizos De Tinte llegó a su casa y vio tal alboroto, decidió vengarse de quien lo hubiera hecho. Estuvo buscando pistas por toda la casa hasta que llegó al dormitorio y encontró al oso tumbado en la cama.

Rizos De Tinte estuvo un rato pensando qué hacer con él hasta que vio que empezó a moverse, entonces no tuvo más que coger lo que mas cerca tenía, que era un palo, y darle en la cabeza.

La chica consiguió que se desmayara, pero como sabía que no tardaría en despertarse, fue corriendo a la cocina para coger un cuchillo. Se encontró con el inconveniente de que los tenía todos en el lavavajillas, así que cogió el móvil para llamar al cazador, pero no había suficiente cobertura.

Al final cogió un cucharón pero cuando llegó al cuarto... él ya estaba despierto y salió corriendo detrás de Rizos De Tinte para comérsela, ella fue mas rápida e intentó darle con el cucharón. Al cabo del tiempo de persecución salieron al bosque al oso se le cayó una bellota marrón que tenía una ardillita de un árbol y se volvió a desmayar.

Cuando la niña lo vio no dudó ni un segundo y lo ató con su diadema. Cuando llegó a su casa con él, lo mató, lo partió en trocitos para tener alimentos para todo el invierno y celebró una barbacoa para sus amigos, donde, además, estrenó el abrigo que se hizo con su piel.