viernes, 20 de febrero de 2009

El sótano del judío

En épocas muy remotas vivía en una lóbrega casa de Córdoba un viejo y avaro judío, cuya única preocupación durante su vida había consistido en reunir toda clase de objetos preciosos y una gran cantidad de monedas de oro. Deseoso de almacenar una cuantiosa fortuna, vivía miserablemente y no desperdiciaba ocasión de hacer usura a costa de los necesitados.

Tenía la casa un sótano oscuro y profundo, en cuyo interior guardaba celosamente de todas las miradas su cuantiosa fortuna, de la cual sólo tenía noticia su única hija, una doncella hermosísima, que con alguna frecuencia solía entrar en el sótano siguiendo órdenes paternas.

Cuenta la leyenda que una noche en que el judío quería llevar al sótano en secreto un pequeño tesoro recién conseguido, mandó a su hija que lo bajara. La obediente doncella encendió una vela y con el tesoro en la mano bajó las oscuras y empinadas escaleras, hasta llegar a lo más profundo del sótano. Se disponía ya a subir cuando sonaron las campanadas de las doce. De repente, y ante la mirada atónita del judío y el terror de la doncella, se apagó la vela y se cerró la entrada de la cueva.

Asustada y a oscuras comenzó a llamar a gritos a su padre. El judío fue a ver lo que le pasaba, entró en el sótano a oscuras. La llamaba pero ella no le escuchaba. Estuvo toda la noche buscándola pero no la encontró. Desesperado pidió ayuda a los vecinos. Le ayudaron a buscarla por todas partes de la casa pero no la encontraba.

El judío pensó que era una venganza por su avaricia. Estuvo asustado oyendo por la noches la voz de su hija, que decía con una voz terrible: ayudadme por favor, ayudadme. Varios siglos después habitaron la casa una familia pero se fueron asustado por que todavía se oyen lamentos de la hija del judío en alguna parte del sótano.