lunes, 9 de marzo de 2009

El sótano del judío

En épocas muy remotas vivía en una lóbrega casa de Córdoba un viejo y avaro judío, cuya única preocupación durante su vida había consistido en reunir toda clase de objetos preciosos y una gran cantidad de monedas de oro. Deseoso de almacenar una cuantiosa fortuna, vivía miserablemente y no desperdiciaba ocasión de hacer usura a costa de los necesitados.

Tenía la casa un sótano oscuro y profundo, en cuyo interior guardaba celosamente de todas las miradas su cuantiosa fortuna, de la cual sólo tenía noticia su única hija, una doncella hermosísima, que con alguna frecuencia solía entrar en el sótano siguiendo órdenes paternas.

Cuenta la leyenda que una noche en que el judío quería llevar al sótano en secreto un pequeño tesoro recién conseguido, mandó a su hija que lo bajara. La obediente doncella encendió una vela y con el tesoro en la mano bajó las oscuras y empinadas escaleras, hasta llegar a lo más profundo del sótano. Se disponía ya a subir cuando sonaron las campanadas de las doce. De repente, y ante la mirada atónita del judío y el terror de la doncella, se apagó la vela y se cerró la entrada de la cueva.

Ella se encogió tanto como pudo, pero aun así siguió atemorizada. Al cabo de unos minutos reaccionó y pudo moverse. Siguió bajando la escalera y palpando como pudo encontró un viejo paquete de cerillas, al cogerlo encendió la vela de nuevo y pudo continuar un poco más tranquila.

Cuando llegó abajo descubrió que había alguien y entonces subió de nuevo. Era un chico. Él c la oyó y subió tras ella, ella volvió a encogerse y dijo: “No me haga nada, por favor”. Él contestó: “Tu padre me contrató para retenerte aquí, él no mencionó nada de dañarte”. Cuando la chica lo oyó empezaron a hablar:

-¡Eso es imposible! ¡Mi padre jamás me haría nada! Además, ¿qué ganaría el? - dijo ella.

- Él no me comentó nada, pero con la avaricioso que es. No te extrañe que quiera chantajear a tu madre...

-¡No te atrevas a nombrar a mi madre! Ella murió cuando yo tenía solo tres años ¡Q sea la última vez que la nombras! - le espetó ella.

No la nombraré, pero no te atrevas a decir que está muerta, porque te aseguro que no lo está – dijo él calmado y prosiguió-. Tu madre se escapó de casa cuando tu naciste, pero te llevó con ella. Tu padre le dijo que tú naciste, había dejado de ocuparse de todos sus caprichos, por lo que empezó a pegarle. Cuando tu madre vio que su vida corría peligro y, algo más importante la tuya, se dio cuenta de que era el momento de marcharse. Huyó a donde pudo pues con un bebé recién nacido no podía quedarse durmiendo en la calle. Pero tu padre finalmente la encontró y le dijo que, por haberse escapado, tendría que pagar renunciando a ti. Por eso te llevó con él y ella huyó... Todo el pueblo pensó que estaba muera, incluso tú, pero mi padre me contó esto pues él estaba presente cuando tu padre la chantajeó. Para tu madre eras lo más importante, por encima de tu padre, y de ella misma.

- Pero... es que... - la chica no tenía voz.

- Sí, tu madre no está muerta, algún día seguro que la encontrarás... - le contestó el chico.

Pasaron muchos días, e incluso meses y los jóvenes se enamoraron el uno del otro. Como al chico le parecía bastante triste la historia de su novia, le enseñó la salida que él mismo había cavado.

Pudieron escapar, rescatar a la madre y plantarle cara al padre.

Al hombre le dio igual, solo le importaba el dinero, así que accedió a conformarse con lo que ya había sonsacado a la mujer. Pero para su sorpresa cuando fue a ingresarlo en su sótano, su hija y su esposo, se lo habían llevado todo cuando habían estado en la cueva. Así por fin la chica podría ser feliz junto a su madre, su esposo y los hijos que tuvieran en el futuro.

1 comentario:

Elisa Armas dijo...

Rocío,deberías releer tu entrada porque hay varias frases que no tienen sentido.