lunes, 27 de abril de 2009

Lucía con miedo




Lucía, era una princesa de la Edad Media, hija de Armando, el rey de Piquislabia.
Tenía un hermano, cuyo nombre era Alberto el valiente. ``Valiente´´ no era el apellido, sino que le llamaban así por que es verdad era muy valiente y no le temía a nada, pero Lucía, su hermana, era muy miedosa...

-¡Le dan miedo hasta las hormigas! -gritó una vez, enfurruñado Alberto a su padre.

-Enséñale a no tener miedo, si tanto te molesta su actitud.

El hermano con la cara entre las manos preguntó:

-¿Y cómo lo hago?...

Al día siguiente, Lucía estaba, dando una vuelta por el jardín, cogió una flor maravillosa, pero como tenía mucho néctar, vino una abeja amenazadora, y Lucía se fue con el pánico marcado en el rostro. La abeja se convirtió en hada, y le dijo con un acento un poco extraño:

-Ya que me has regalado un maravilloso néctar, te concedo un deseo ¿Qué quieres?

Lucía pensándoselo mucho, finalmente respondió:

-Quiero...yo quiero no sentir el miedo.

El hada dijo bastante ilusionada:

-¡Concedido!-

El hada se transformó de nuevo en abeja, dio tres o cuatro vueltas rodeando a Lucía y se fue.
A esto que llegaba el hermano, y le preguntó con cierto interés:

-¿Hermanita querida, a ti que es lo que mas miedo te da?

-¿A mí? yo no le tengo miedo a absolutamente nada.

-¿Qué te pasa?-preguntó muy sorprendido.

Lucía no respondío. Alberto, se rió por lo bajo y le dijo:

-Hermana...entonces haz un reto conmigo.

-¿De qué se trata?-quiso saber Lucía.

-Se trata sobre quedarnos esta noche allí.-dijo señalando al oeste.

Lucía, en verdad sabía de qué se trataba, era el castillo de Barrilén, en el que lenguas antiguas dijeron, que allí habitaban fantasmas. Ella asintió con la cabeza, en señal de aceptar el reto.

Esa misma noche Alberto esperaba a Lucía entre frías tinieblas; llevaba largo rato allí, tanto que pensó que a lo mejor su hermana se lo pensó mejor y se iba a quedar en el castillo, con su padre, segura, calentita, a gusto, durmiendo plácidamente... Pero no le dió tiempo de pensar más nada, pues una voz detrás suya, le susurró en el oído:

-Hermanito, has tardado mucho ¿No te parece?

-Pero, si llevo aquí, al menos media hora, como mínimo -respondió de mala gana.

-puffff... Y yo llevo, por lo menos tres horas.

Los hermanos dejaron pasar esa charla sin sentido y se dispusieron a entrar en el castillo.

Aquella noche, estaban los dos hermanos plácidamente dormidos, bueno.. Alberto no tanto, estaba atento a cualquier ruido. Y entonces escuchó un ruido, y vio en la oscuridad una figura que iba hacía él, lentamente, y entonces vio un arma volar, y clavarse en el que parecía el corazón del espectro, y entonces fue cuando se dio cuenta de que fue su hermana, quien clavó aquel arma arrojadiza en el corazón de la criatura. Pero la criatura no se inmutó, ni lo mas mínimo, y siguió caminando lentamente hacía ellos, y anduvo lo bastante, como para que Alberto viera que clase de criatura era... ¡era una momia!

Sin pensarlo lo suficiente, salió corriendo, sin preocuparse ni si quiera por su hermana, que no se dio cuenta de que la había dejado atrás, hasta que llegó a casa, su castillo. Y entonces lloró por la muerte de su hermana, o al menos eso es lo que él creía, porque entonces, una figura entre la oscuridad apareció, él creía que era su padre, pero fue su hermana quién apareció en su lugar. Alberto fue corriendo a abrazarla, se dio cuenta entonces de que su hermana sostenía una larga venda en su mano derecha...Y entonces la momia, ya no era la momia de antes, le faltaban las vendas... Y Alberto se dió cuenta, de que era su padre... el padre sonriendo se acercó a sus hijos, y todavía sonriendo dijo:

-Me he dado cuenta de que mis hijos, son los apropiados para que en el futuro, reinen sobre estas tierras, las tierras de Piquislabia, lo siento, queridos hijos, pero os he tenido que hacer esta prueba para probar vuestra valentía. Y entonces toda la familia real de Piquislabia se abrazaron.