lunes, 27 de abril de 2009

Una Cenicienta engañada


Después de la boda, Cenicienta y el príncipe Felipe de fueron a vivir a una mansión al lado de la antigua casa de Cenicienta. Vivían felices, pero Cenicienta notaba al príncipe un poco raro. Últimamente estaba muy arisco y poco cariñoso. Un día el príncipe salió de la mansión a las tres de la madrugada y Cenicienta lo siguió. El príncipe llegó a una antigua cabaña en el bosque y al rato llegó una mujer muy guapa. A Cenicienta algo de esa mujer le resultaba familiar. Al cabo de un rato Cenicienta descubrió que el príncipe la engañaba. Se puso furiosa e histérica y decidió gastarse toda su fortuna. Al día siguiente el príncipe se fue a palacio a ver a su padre, mientras tanto, Cenicienta se compró una tienda entera de ropa, un collar de rubíes y esmeraldas y un coche descapotable deportivo rosa. Cuando llegó el príncipe exclamo:

-¿Qué hace todo esto aquí? ¡Te habrá costado una fortuna!
-Bueno,¿y qué pasa? Tú tienes una fortuna ¿no?
-Sí que la tengo... Perdóname cariño, es verdad, compra todo lo que tú quieras.
-Gracias.

Por la noche el príncipe fue a la cabaña y Cenicienta lo volvió a seguir. Cuando salió la mujer Cenicienta la siguió y... ¡qué sorpresa ! Vivía en su antigua casa. Cenicienta la espió por una ventana y era Anastasia su hermanastra. Para ver al príncipe se ponía una preciosa careta y una peluca rubia.

Cenicienta se preguntó:
-¿Qué debo hacer?. Se lo contaré al príncipe.

Al llegar a casa habló con el príncipe, él se quedó asombrado, pero todavía no se lo terminaba de creer. Al día siguiente quedó con Anastasia y le quito la careta y la peluca. Entonces fue en busca de Cenicienta a pedirle perdón. Cenicienta no podía perdonarlo. El príncipe le dijo:

-Tengamos un hijo y olvidemos todo.
-Vale, pero prométeme que jamás me volverás a engañar.
-Te lo prometo.

Cenicienta y el príncipe vivieron felices y vivieron felices.