jueves, 7 de mayo de 2009

Una compradora compulsiva y un Ceniciento


Érase una vez un comerciante que tenía una bella y caprichosa hija llamada Cenicienta. Un día el padre de Cenicienta conoció a una bella y hermosa mujer, la madre del príncipe, es decir, la reina. Los dos se enamoraron locamente y se casaron. Entonces, Cenicienta era la hermanastra del príncipe. Después de casarse, los padres del príncipe y de Cenicienta, hicieron un crucero por el Caribe, con la mala suerte de que el barco se hundió y los padres, es decir, los recién casados se ahogaron. En este momento Cenicienta y el monísimo príncipe, se quedaron huérfanos de padre y madre. Cenicienta, que ya era caprichosa de por sí, y se dejó llevar por el poder, arruinó todo su reino. Su desmadre le hizo gastar todo el dinero. Y es que lo que no sabía el príncipe de Cenicienta es que era una compradora compulsiva. Cenicienta, al estar arruinada, se negaba a trabajar así que empezó a tratar al príncipe como a su criado. La ropa que llevaba el príncipe eran harapitos, quién lo diría.

Un día una chica adinerada del pueblo llamada Marichuy iba a realizar una fiesta de cumpleaños en una discoteca y decidió invitar a todos los jóvenes del pueblo. Como ya os he dicho antes, se celebraba en una discoteca a las ocho y terminaría a las dos de la madrugada . El príncipe, al enterarse, se vistió, pero Cenicienta lo encerró en el armario. A las ocho de la tarde vino una limusina rosa a por Cenicienta. El príncipe estaba llorando en el armario, de repente escuchó una voz que le decía: Anda, sal ya . Cuando se abrió el armario salió un hada madrina que le secó las lágrimas, lo vistió con un traje dorado y se lo llevó, pero le advirtió que a las dos tenía que irse porque el vestido se le volvería harapos. El príncipe bailó toda la noche con Marichuy, y cuando dieron las dos el príncipe se olvidó de su promesa y se quedó en harapos. A Marichuy le dio tanta pena que, como tenía tanto dinero, convencio a sus padres para que lo adoptaran y se convirtió en su nueva hermanastra.

En cuanto a Cenicienta, se volvió loca, empezó a decir que ella era Britney Spears y se la llevaron a un manicomio cercano al pueblo donde conoció a un chaval gordo y feo que creía ser uno de los cantantes de los Beatles.